Hace unas semanas estuve en el restaurante “La Ruta Real”. Degusté un plato bastante suculento, carne de primera. Villagodio a la piedra, carne servida en finas tiras y que se presenta con patatas fritas, pimientos asados y una plato de barro al rojo, donde podemos hacer cada trozo a nuestro gusto, aunque la carne es tan tierna y jugosa que con una sola vuelta en la piedra es suficiente para comerla y comprobar como se desace en la boca.
Cuentan que el Marques de Villagodio, ganadero de reses bravas además de noble y potentado, llevó a principios del siglo XX una corrida a la antigua plaza de toros de Indauchu (Bilbao), levantada por el propio marqués para conseguir un espacio en el que aceptaran unos toros sin el menor predicamento en otras plazas. Los animales resultaron tan mansos que un crítico bautizó con el nombre de la ganadería a la carne de buey -animal castrado y por lo tanto manso- que se servía en los asadores de la ciudad. Lo hizo con tal éxito, que el término sigue aplicándose hoy, cuando no queda ni el recuerdo de aquellos gigantescos bueyes de trabajo y mucho menos de la ganadería zamorana del marqués.


